jueves, 25 de junio de 2015

Punto y aparte

¿Tenemos el título con cliché? ¿Tenemos contenido con cliché? ¿Tenemos cliché con cliché? Bien, puedo empezar.

Lo dejo. No, no de fumar. Dejo este blog. No lo borro ni nada parecido, el contenido me parece jodidamente divertido y, qué cojones, hay muchas de mis horas aquí acumuladas. Cree este blog el uno de octubre de 2008, hace casi siete años. Es una locura. En esa época llevaba el mismo peinado que ahora, vestía igual que ahora, escuchaba la misma música que ahora y pensaba prácticamente lo mismo que ahora, pero era un chaval de veinte años más destructivo que constructivo, para qué nos vamos a engañar. La fuerza con la que empecé fue abrumadora, cuatro posts al día, la mayoría eran una porquería, pero cada día escribía un tocho, fue un gran ejercicio lleno de errores tipográficos que me ayudó a escribir un poco mejor, aunque nunca logré pensar de forma ordenada. El uno de abril era el día de la tontuna y publicaba cien posts en un solo día, la locura. Y en aquella época existía algo que nos gustaba llamar "blogosfera", algo maravilloso que actualmente, por comodidad, se ha trasladado a Twitter.

Poco a poco bajó el ritmo ¿o fue de golpe? y los posts se volvieron más serios, más puntuales, menos frecuentes. No tenían nada que ver con la idea que tenía cuando inicié esta aventura, ya hace tiempo que me di cuenta porque, en fin, no soy imbécil, pero no lo cerré porque me gustaba la idea de tener una ventana en la que expresarme, pero con el tiempo dejé hasta de renovar el dominio ¿por qué pagar por un retrete que usas cuatro veces al año? Así que, aprovechando que estoy en horas bajas y jodidamente triste por varias cosas que no vienen al caso, he creado otro inodoro en el que echar mierda, de forma más seria y, espero, aunque no estoy yo para prometer nada y la experiencia es la que es, más regular que esta última etapa tan larga en este blog.

Todo se queda aquí para la posteridad o hasta que Google decida que cierra Blogger, me da igual, pero no me veo con corazón de eliminar todos esos posts con Clases de protocolo, las semanas temáticas, las críticas destructivas y las Ximiaventuras que están aquí resumidas.

Atrás quedan los tiempos gloriosos en que entraban miles de personas a diario para leer mis mierdas, así que aquí lo dejamos. Os dejo aquí un enlace a mi nuevo blog, también me podéis encontrar en mi blog de dibujos.


Señoras y señores, ha sido un placer,

¡salud y lucha!

lunes, 25 de mayo de 2015

Salud, lucha y frustración

La vida da palos. Joder si da palos la vida.

Han pasado casi tres años desde que me embarqué en la última de mis aventuras locas. La premisa era clara: teníamos que meter a mi mejor amigo en el ayuntamiento de Lleida, tomado completamente por la derecha. Mi amigo Edu, del cual os hablé el sábado. Para hacerlo disponíamos de una estructura de partido con lo bueno y lo malo que eso conlleva, teníamos un increíble equipo de gente procedente de diversos ámbitos de la lucha política a pie de calle, teníamos un candidato fuerte, respetado e incorruptible, con las ideas claras y las mejores intenciones, teníamos grandes creativos y mentes privilegiadas, locos con ganas de dejarse la piel por una buena causa, teníamos gente con mucha experiencia y gente completamente virgen en el terreno electoral. Pero lo que nos sobraba era dignidad.

El viaje empezó tranquilo, paso a paso, golpe a golpe, poco a poco fuimos poniendo las piedras de lo que sería una gran candidatura con todas las posibilidades. Encontramos aliados por el camino, encontramos adversarios y todos teníamos muy claro quién era el enemigo. Poco a poco, lo que debía ser una lucha común para tumbar lo establecido se convirtió en una batalla a muerte por quién se llevaba el trofeo de la confluencia. No se lo llevó nadie, la plataforma creada para unir a la izquierda (plataforma en la que tanto nuestro candidato como yo fuimos fundadores y de la que nos alejamos cuando vimos que no era lo que queríamos para la ciudad) se acabó presentando como agrupación de electores dividiendo aún más el voto de la izquierda. Reuniones con partidos a los que se rechazó por ser la mafia y luchas brutales con formaciones con las que finalmente acabamos uniendo fuerzas. Teníamos una lista maravillosa, llena de gente independiente y comprometida que sólo quería el bien común, una lista prácticamente libre de intereses personales (siempre se cuela alguno) y con un interés absoluto en el bien de la ciudad.

Me pilló por sorpresa cuando empecé a hablar en primera persona de la candidatura, al fin y al cabo yo soy ese enfant terrible sin dueño ni afiliación que no responde ante nadie y que trabaja siempre desde fuera para no verse comprometido por causas ajenas ni salpicado por los fracasos de los demás. Un día, sin más, empecé a hablar de “nosotros” en lugar de “vosotros”, decía “entraremos” en lugar de “entraréis”, y simplemente me dejé llevar.

La moderación jamás ha sido mi amiga aunque algunas veces ha sido mi arma. No puedes negociar con según quién con según que discursos, así que me he limitado a cumplir mi papel, porque la causa merecía mucho la pena. Supongo que la vida da muchas vueltas, pero hoy tengo claro que rebajando el discurso consigo lo mismo que sin hacerlo, así que mejor seguir siendo un loco utópico, que por lo menos seré honesto y no me iré a casa con la sensación de haberme traicionado después de cada reunión institucional.

Los que me conocen saben que jamás he seguido a nadie, el liderazgo me parece una estupidez, la jerarquía una forma de esclavitud y las estructuras institucionales un monumento a nuestro fracaso como especie. Pues esta vez encontré a un compañero al que merecía la pena seguir porque siempre, SIEMPRE me (nos) ha mantenido a su lado, así que este liderazgo no ha respondido ni a jerarquías ni a estructuras de partido, sólo al interés común, y no puedo hacer otra cosa más que enorgullecerme de haber puesto mi energía, mi tiempo, mi esperanza y mi pasión en esta causa, y arrepentirme de no haber puesto aún más.

A mi amigo no le pedí otra cosa más que la garantía de que no me iba a arrepentir de caminar con él, y a estas alturas de la película, vista la escena de detrás de los créditos, me siento privilegiado de haber librado esta batalla. Estas elecciones no las han ganado o perdido los partidos, no han vencido ni sido derrotados los candidatos, estas elecciones, como siempre se han librado en las tertulias, se han construido tras una puerta cerrada y se han votado, como siempre, desde la ignorancia. No es mi intención faltar al respeto a todos aquellos que han votado a su opción, sea cual fuere, pero sí me gustaría señalar como culpables de todo a aquellos que votan a tal “porque lo han visto en la tele”, a los que votan al otro “porque el nombre me recuerda a no sé quién” o los que votan al otro imbécil por lo guapo que es. Esta gente es escoria, y el hecho de saber que su voto vale lo mismo que el mío o el de cualquier persona con dos dedos de frente que ha asumido la responsabilidad de informarse y reflexionar no me deja dormir por las noches.

No nos engañemos. Todo esto forma parte de un rebote monumental que he pillado por fracasar otra vez. No te acostumbras al fracaso. Aprendes, pero la frustración te sigue golpeando el estómago desde dentro como la primera vez. Pero sí me gustaría llamar a la reflexión. El cacique ha perdido su mayoría absoluta, han entrado dos fuerzas alternativas al ayuntamiento, la ascensión de Ciutadans es algo que me avergüenza como ser humano, pero me alegro de que la CUP esté dentro, sé que darán guerra. Aún no he decidido si quiero que el Comú (que es como decidió llamarse la agrupación de electores) lo haga bien o lo haga mal porque estoy profundamente enfadado con ellos, pero supongo que el tiempo me lo dirá. Lo que sí tengo claro es que he terminado con la mierda de la democracia. Seguiré votando, pero mi paciencia tiene un límite y ayer lo rebasé.

Mi filosofía de vida pasa por dos puntos clave. El primero es no perder el tiempo porque, coño, tengo muy poco. El segundo es no arrepentirme de las decisiones que tomo. Desde aquí quiero agradecer a todo el mundo que ha depositado su apoyo a nuestra candidatura, quiero insistir una vez más en que era una opción cojonuda, quiero dejar claro que, aunque no hayamos entrado, sé que la gente que nos ha votado lo ha hecho con orgullo, esperanza, dignidad y sintiendo que hacía algo útil. Quiero proclamar a los cuatro vientos que hemos rechazado los votos ignorantes, hemos sido cristalinos, nos hemos dirigido exactamente a quién queríamos dirigirnos y nadie, NADIE puede decir que haya jugado tan limpio como nosotros. La sociedad parece pedirnos que seamos más malos. No estamos dispuestos y todo parece apuntar a día de hoy que nuestro viaje termina aquí.

Ha sido un privilegio, un honor, un orgullo haber trabajado al lado de gente tan grande, haber trabajado por unas ideas tan positivas,  haber discutido, pensado, reído, llorado, haberme emocionado, haber caminado y haber luchado al lado del Mario, el Marc, la Sandra, el Ricard, la Noe, el Joan Miquel, el Genís, el Franses y todos a los que me dejo para que se den todos por aludidos y no adviertan que hay algunos, muy pocos, a los que no quiero nombrar.
Y desde luego, ha sido el mayor de los honores haber acompañado a Edu en este viaje que va a marcar un antes y un después en mi vida. Mientras escribo esto me doy cuenta de que hemos terminado el trabajo. Me doy cuenta de que esto es una despedida. Un escalofrío recorre mi espalda, una lágrima moja mi mejilla.


Salud y lucha.

sábado, 23 de mayo de 2015

Mi amigo Edu

Todos los años llego apurado, al último momento, pero este año me he pasado tres pueblos y me ha pillado la jornada de reflexión. Este blog que otrora fue mi casa se ha quedado sólo para momentos como este, escribo siempre sobre las elecciones, sobre lo que yo voy a hacer, sobre lo que me gustaría que hiciera el resto de la sociedad… Pues este año no puedo. No puedo porque en este magnífico sistema existe el concepto “jornada de reflexión”, que básicamente está ideado para que los partidos sin medios callen por imperativo legal mientras los partidos más poderosos pueden pagarse los pertinentes artículos de prensa manipulados por los medios afines y acabar la campaña como toca. Al fin y al cabo, ya han enviado tochos de votos por correo, mentido, puesto denuncias falsas e injuriado durante los últimos quince días, así que, ¿qué más da?

Así que nos os voy a recomendar a ningún partido ni a ningún candidato. Os voy a hablar de mi amigo Edu, que resulta que, maldita casualidad, es candidato al ayuntamiento.

Mi amigo Edu es más mayor que yo, puede que a estas alturas de la vida no sea relevante que alguien tenga diez años más que tú, pero me divierte meterme con su edad porque se da la circunstancia de que es historiador, así que suelo bromear con su pasado en el neolítico o le pregunto a menudo por cómo fue que le diera la primera comunión el Papa Luna. Curiosamente, mi otro amigo tiene también unos cuantos años más que yo y también estudió historia, así que hasta reciclo las bromas. Todo son ventajas. Senectud documentada.

A ver, ¿por dónde iba? Ah, sí, mi amigo Edu. A mi amigo Edu lo conocí hace cinco años, no es mucho en términos universales, pero en términos electorales es una barbaridad. Lo conocí cuando me metí en la historia esa del Partido Pirata y desde entonces nuestra vida ha girado en torno a la política. Nuestra vida siempre había girado en torno a la política, pero ahora orbitábamos juntos, y si la divina providencia quiso que un libertario y un demócrata social orbitaran juntos sin matarse, ¿quién soy yo para oponerme? ¿Me preguntáis por el Partido Pirata? Bueno, lo dejamos, de hecho, hicimos un poco más que eso y lo hundimos un pelín, junto al resto de compañeros, por el mismo motivo que hacemos todo lo que no nos conviene, por justicia y dignidad.

El 15M nos pilló en campaña por los piratas y la campaña pasó a darnos igual. Los días se sucedieron en la plaza. Asambleas, estructura, comunicados, entrevistas, comisiones, acampadas, manifestaciones… Fue un año intenso y las elecciones nos dieron igual. Sabíamos lo que iba a pasar, la derecha se iba a consolidar, así que, aunque ambos votamos, el resultado no nos importó. Teníamos nuestra lucha, nuestra lucha estaba en la calle, no en las instituciones. Pues bien, él se acabó pasando tres pueblos con la lucha, y mientras yo me distanciaba de todo por la frustración que me provocaba el 15M y el marrón de la Cifuentes, él montaba la PAH en Lleida con otros compañeros y compañeras del 15M y pasaba a ser el portavoz. No sé cuánto tiempo lo fue, no me acuerdo, podría mirarlo, pero no merece la pena, porque para mí fue eterno, y lo más curioso es que sé que a él le pareció un suspiro. Yo siempre le decía que no podía implicarse tanto, que aunque la lucha social sea un pilar fundamental de nuestras vidas, no podían vertebrarlas, pero ni caso, oiga. Un día me llamaba porque estaba parando un desahucio, otro porque quería que la gente de la PAH montara una cooperativa para sacarse algo de dinero, otro día se ocupaba un banco, otro evitaba un suicidio y a siguiente lloraba de impotencia. Siempre con sus compañeros, no me olvido, pero estoy escribiendo sobre Edu.

Mi posición siempre ha sido cómoda en este aspecto, siempre digo lo mismo, yo me voy a casa y dejo la mierda en la calle, pero él no, él lo convierte en su vida. Este es uno de los motivos por los que lo admiro y también uno de los motivos que me hacen alegrarme de no ser él. Yo esta mierda la llevaría muy mal.

La PAH se me hizo muy larga y fue muy satisfactoria, mi implicación fue mínima, pero siempre digo lo mismo “vosotros no me veis, pero estoy”. Esta es una de las mayores diferencias entre Edu y yo. Me encanta dar la nota, pero no para lo importante, no estoy dispuesto a liderar nada, no me quiero arriesgar a ser portavoz de nadie, os haré un cartel, os escribiré un manifiesto, iré a la asamblea y daré mi opinión, pero jamás caminaré delante de nadie por miedo a tropezar. Pero él ha nacido para esto, así que nos complementamos bien.

Me doy cuenta a estas alturas de que, una vez más, la estructura que me había planteado para este post se ha ido a tomar por saco y ya me da igual todo. Así que sólo vomito, mis disculpas, es lo que hay.

Hace algo más de dos años, Edu se presentó en el piso que compartía con la persona que por aquel entonces era mi pareja y me contó que le habían pedido que fuera cabeza de lista del partido que ahora lidera, que qué opinaba. Le dije que estaba como una puta cabra, que contara conmigo y que cuándo dejaba la PAH. Dejar la PAH es lo más doloroso que le he visto hacer nunca, pero sabía que era necesario, así que lo hizo, y lo hizo muy bien, cuando tocaba y como tocaba.

Yo ya había colaborado con el partido en la campaña de las autonómicas de Catalunya, sabía que iba a echarles un cable en las europeas y suponía que iba a hacer lo mismo para las municipales, pero no imaginaba que iba a hacerlo como miembro del comité de campaña, de la comisión de desarrollo de programa, no imaginaba que mi madre iba a acabar formando parte de la lista, que iba a trabajar con la parte que merecía la pena de la candidatura de los Piratas, que han vuelto a reunirse, que volvería a ver caras que sólo había visto en las plazas y, en definitiva, que me podría llegar a emocionar con una candidatura de un partido que, en fin, ni fu ni fa.

Han sido dos años muy locos, al final no me he podido implicar tanto como hubiera querido por todas las movidas en las que estoy metido, pero ahí hemos estado, a tope, y ahora termina la campaña, una campaña marcada por escándalos de corrupción en el ayuntamiento, por voluntad de unión de izquierdas, por candidaturas en las que el ego va a acabar dispersando el voto, marcada por las visitas a los barrios, las propuestas sociales, los discursos radicales y los debates interminables. Ha sido una campaña muy dura, pero se ha llevado con una dignidad inigualable.

A todo esto, Edu ha estado a la altura de las circunstancias, lo ha dado todo, alguno desconfiaba de que pudiera, pero en fin, no hay cojones a negociar con el tipo que se plantaba en La Caixa, en el Santander, en el BBVA, en Bankia y hacía que a la gente le concedieran la dación en pago porque si no, no se iba.


Mañana por la mañana me levantaré y votaré a mi amigo, no porque sea mi amigo, no porque sea la candidatura en la que me he implicado de forma desinteresada, no porque mi madre vaya en esa lista, no porque nuestra trinchera sea la misma en la mayor parte de los casos, votaré a mi amigo porque hacerlo es un ejercicio de dignidad, porque merecemos un respiro, coño, porque sé a quién voto. Y no votaría a nadie más.