miércoles, 18 de noviembre de 2009

PSYCHOKILLERS WEEK: PATRICK BATEMAN

Quizás no sea el más conocido, tal vez no sea el mejor, ni mucho menos el más original, pero sin duda, Patrick Bateman es uno de mis psychokillers favoritos.

Supongo que es porque American Psycho contiene esos brotes de crítica social que tanto me gustan. Tal vez sea porque el mundo de los yuppies siempre me ha apasionado (de hecho, en la última obra de teatro en la que he participado he interpretado a uno y una de mis fuentes de inspiración ha sido este pesonaje, además de Michael Douglas en Wall Street).

Patrick Bateman es un hijo de su tiempo. Es un tío que lo tiene todo; un trabajo buenísimo, un montón de pasta, un piso enorme, buena vida social, se tira a Reese Witherspoon, tiene una amante que está cañón... Y aún así no es feliz. A lo largo de toda la película (y supongo que del libro también, aunque no he tenido el placer de leerlo todavía (todo llegará)) se replantea su existencia, se pregunta a sí mismo si los actos que lleva a cabo en vida son en verdad relevantes, se pregunta por el fin de su existencia de una forma muy convincente, no es feliz con la máscara que parece que le ha impuesto la sociedad. El tío disfruta como un chino con el porno duro y con las películas gore de toda la vida, y de repente, decide que va a matar, supongo que para comprobar la relevancia de sus actos y ver la escala de repercusiones que tienen sus acciones.

Mata a mucha gente. Durante toda la cinta podemos aver a un hombre que realmente disfruta asesinando, siempre de forma diferente, siempre de forma original (la escena en la que tiera la motosierra por el hueco del ascensor no tiene precio). Contrata putas a las que hace daño, participa en orgías que haría ruborizar al mismísimo Satanás, y todo desde un punto de vista autocrítico e irónico.

Es quizás el psychokiller más injustamente olviado de todos los tiempos, y esto no debería ser así, aunque claro, si tenemos en cuenta la horripilantemente grotesca secuela que protagonizó Mila Kunis, pues normal que la gente no quiera recordar nada que tenga que ver con aquello.

Tal vez Patrick Bateman no llegó a matar a nadie (aunque en la maldita secuela de mierda dicen lo contrario), pero creyó que sí lo hacía, y al fin y al cabo...

La intención es lo que cuenta...

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