martes, 9 de febrero de 2010

MEMORIAS PUNK 2: IMPERDIBLES, PINCHOS Y LOS MOSSOS DE ESQUADRA

Mubuenas, frikis tuercealambres, vamos a continuar con la historia que empezamos la semana pasada en la que me confundieron con un terrorista encapuchado. Para hacerlo vamos a avanzar un poco en el tiempo, unas cuantas horas, exactamente, cuando estábamos en la cola para entrar en el festival del que os he hablado: el Senglar Rock.

Ya traíamos nuestra entrada de casa, así que sólo nos quedaba hacer una cola moderadamente larga para entrar en e recinto y disfrutar de tres dias de acampada y rock and roll. Lo que no sabíamos es que esos tres días se iban a convertir en un infierno:

Hace poco hablé en el blog del derecho de admisión de algunos bares o locales y de lo mal que me parece (creo recordar que el grueso de los lectores me apoyó al respecto), pues bien, debéis saber que no sólo se usa ese tipo de regla para salir por la noche, el Senglar Rock también tenía normas muy estrictas respecto a lo que podías y no podías entrar. Cuando vi que tenían una mesa en la que revisaban tu bolsa y los dos bielorrusos del carajo apostados en la puerta supe que algo no iba a ir bien. Cuando llegó mi turno le cedí el derecho al tipo que quería registrar mi equipaje y así lo hizo. No sé de dónde los sacan, en serio, pero seguro que éste no era el primero de su clase, igual que el que hizo las normas. Por lo visto no estaba permitido entrar envases de vidrio ni latas, por lo que la gente optó por bebérselo todo antes de entrar (no lo iban a dejr ahí), por lo que ya tenían un montón de punkis, jipis, rastas y catalufos borrachos a las cinco de la tarde, antes de que empezara la fiesta. Tampoco estaban permitidas las drogas, aunque a la gente no le costó demasiado entrar sus raciones, pero lo más increíble es que no estaba permitido entrar pinchos ni imperdibles.

Deberíais haberme visto por aquella época. Llevaba la cresta muy larga y opté por hacerme rastas, así que llevaba una cresta de rastas acojonante (bueno, parecía el actor secundario Bob, pero eso no viene al caso) y en las rastas llevaba una cantidad considerable de mierda enganchada con imperdibles, además de llevar imperdibles en las orejas (aún los llevo) y una gran ración de pinchos en brazos, cuello y botas. No bromero, quizás llevaba treinta imperdibles repartidos por todo el cuerpo y quince pulseras y collares de pinchos, así que mi presencia allí suponía un problema. Me hicieron dejar todo mi material en una caja que tenían en la entrada (no os preocupéis, tardé quince minutos en llamar a alguien de fuera para que pasara a buscarlos, pero la seguridad era tal que lo mismo se podría haber llevado la droga de los demás, ya que le dejaron cojer lo que quiso, de hecho ahora tengo más pinchos), me resigné porque me apetecía mucho entrar (era el primer festival de esta envergadura en mi ciudad), así que al fin conseguí entrar. A Sònia también le quitaron imperdibles y pinchos, y juró por lo mas sagrado que eso no quedaría así.

Acampamos en poco tiempo y en un buen sitio y fuimos adar una vuelta, a ver cómo lo habían montado, pasamos por la zona de los tenderetes y fué entonces cuando decidimos actuar: ¡¡En todas la paradas de dentro del recinto vendían pulseras y collares de pinchos!!

Eso era lo más absurdo que había visto en mi puta vida, así que nos dividimos en dos facciones, Sònia se iría por un lado a intentar que el Bielorruso nos devolviera los imperdibles y el Kurianet (un amigo mío de esa época) y yo lucharíamos por nuestros derechos ante las autoridades, pero esperamos a la segunda noche para hacerlo, la gente estaría cansada y de mal humor y nos resultaría más fácil sacarlos de quicio.

No sé exactamente lo que hizo Sònia en ese tiempo así que no me extenderé sobre el asunto, si lo quiere explicar ella, que lo haga, pero lo primero que hicimos el Kurianet y yo fué ir a ver a los Bielorrusos para que nos devolvieran lo que era nuestro, no insistimos mucho, aunque los amenazamos con acudir a las autoridades, pero claro, sólo éramos dos colgados con cresta, ¿qué íbamos a hacer?. El siguiente paso fué ir a pedir una hoja de reclamaciones a las oficinas de la organización. Nos pasamos varias horas en un tráiler que tenían habilitado con cubículos como si fueran despachos, y hablamos con todo aquel que estaba allí, pero la conclusión fué que no existían las hojas de reclamaciones para el evento.

Evidentemente eso nos pareció inadmisible y decidimos denunciar el caso, así que le preguntamos a la chica que, desesperada, nos atendía al Kurianet y a mí que qué podíamos hacer para solucinar esto y poder pronunciar nuestras quejas formalmente. La chica nos mandó a los señores de protección civil que custodiaban el recinto y allá fuimos, decididos a reclamar justicia para el pueblo. Resultaron ser unos tipos bastante simpáticos, el más joven debía tener 45 tacos y acabamos compartiendo crevreza, kalimocho y petas, buena gente, estaban de nuestro lado, incluso los convencimos para que fueran a hablar con los bielorrusos y los seguratas de uniforme para ver si nos podían echar un cable y acabar con nuestra cruzada. Cuando llegamos a la entrada el bielorruso en jefe (el mas monstruoso especimen de ser humano que haya visto jamás) estaba desesperado, hablando con Sònia, que ponía su cara de "te voy a matar, hijoputa, como no hagas lo que te ordeno" mientras se reía de él como quería. Ya sé que os lo digo siempre, pero es indispensable que creáis lo que os cuento, porque todo lo que digo aquí ocurrió de verdad y no hay ni modificaciones ni adornos, y os lo recuerdo ahora porque es la mejor parte: ¡El bielorruso le estaba ofreciendo dinero a Sònia para que se marchara y lo dejara en paz! Imagináos como debía estar el tema para que una mole de doscientos kilos ofreciera dinero a una chica de metro setenta para que lo dejara en paz.

Vimos que la negociación era inviable y, entre risas, les preguntamos a nuestros nuevos amigos qué podíamos hacer. Ellos nos dijeros que hiciéramos lo que quisiéramos, pero que no metiéramos a los mossos si no queríamos problemas. Les dimos las gracias por todo y como queríamos problemas nos dispusimos a ir a ver a los mossos d'esquadra. Antes, sin embargo, nos topamos con la cámara de la TV que había ido a cubrir el evento y decidí que esto no podía quedar así, así que los paré y les dije que tenía que dirigirme al pueblo, me grabaron mientras hablaba como podía, ese fué el momento en que me dí cuenta de lo borracho y fumado que iba, y que más valía descansar un poco antes de continuar, así que nos sentamos un ratete a beber kalimocho para ver si se nos pasaba el ciego. La família de Karles tiene viñedos y produce vino (sería estúpido tener viñedos y no producir vino) y había conseguido entrar unas cuantas garrafas de cinco litros de buen kalimocho para animar la fiesta, así que fuimos a verle.

Vaya, parece que esto se ha alargado mucho, así que dejaremos la conclusión de la historia para la semana que viene, así os dejo con las ganas...

¿Conseguirán nuestro héroes hablar con los mossos d'esquadra? ¿Recuperará Sònia sus imperdibles? ¿Se pegará el bielorruso un tiro? ¿Se lo pegarán los mossos a Ximi? ¿Y que pasa con la empanada gallega que se emncionó la semana pasada? Todo eso y mucho más (bueno, mucho más no) la semana que viene en...

MEMORIAS PUNK 2
(una producción del Blog de Ximi)

4 comentarios:

Álex Esteve dijo...

Me mola ese final rollo dibujos antiguos xD

Sònia dijo...

¡Me has dejado de macarra! Que sepáis que no voy de macarrilla por la vida... solo tengo mala leche... ¡muajajaja!

PrrrK_03 dijo...

Cuando en mi pueblo celebraron el Bram, que fue el ultimo festival en el que actuaron la Polla Records con la formación original, estuvimos a punto de tener un problema semejante. Por suerte, a parte de que la mayoría eramos jovencillos (no vimos a nadie más de nuestra edad por ahí, casi todos eran mayores), los "seguratas" eran conocidos y amigos de nuestros hermanos mayores y demás. Así que aunque nos pillaron la cerveza y el vino, las drogas, los pinchos y las cadenas, nos dejaron entrar con todo. Ains, qué recuerdos :_)

Lo que ya no fue tan bonito fue para entrar en el Monegros, en el que un segurata vestido como un currante del McDonalds cacheaba a la gente, incluyendo los cojones de más de uno, con guantes de cuero que parecían hechos para matar sin dejar huellas...

Anónimo dijo...

karles dijo...
si te va el buen vino recuerda
"de sanuy" xd un saludo