jueves, 25 de febrero de 2010

MEMORIAS PUNK 2: SALA COTTON, ESE LUGAR...



Muy buenas tardes, frikis lipocóndricos, vamos a ver que tal esta nueva entrega de la sección favorita de Osama Bin Laden: Memorias punk 2. Hoy vamos a hablar de lo que pasa en un lugar de Lleida llamado Sala Cotton:

En Lleida no hay mucho sitio para el rollo punki, tenemos los vinos, con un par de bares (en su mayoría jevis, una discoteca llamada Boite, antiguo hogar de los skinheads a partir de las tres (actualmente apesta bastante), los bancos de las plazas municipales y finalmente la sala Cotton.

La sala Cotton, situada en las afueras de la ciudad, es una sala de fiestas en la que suelen poner música de mierda todos los días, pero con un rollo en plan alternativo. Los gafapastas van allí (los que no están en el Antares, que es un bar en al que puedes jugar a juegos de mesa y enseñar a todo el mundo como escribes con tu Mac Book), los modernos estos que están tan de moda ahora y demás gentuza de esa calaña. Pero de vez en cuando programan conciertos que no están mal (este viernes pasado, sin ir más lejos fuí a ver uno de Soziedad Alkoholica, que fue una puta mierda, por cierto, pero no viene al caso) y merece la pena ir. Allí hemos vivido unas cuantas aventuras, y hemos visto vivir otras tantas, así que os presento un pequeño resumen de lres de las mejores anécdotas ocurridas en ese lugar.

En esa sala hay un espacio con cuatro sofas y dos mesas de cristal (que sirven básicamente para que la gente se pueda meter rallas tranquilamente y sin complejos) dónde acabamos siempre cuando nos cansamos o cuando no nos apetece el bullicio ni el mundanal ruido. Nos encontrábamos allí durante un concierto en el que tocaban Boikot, Porretas, Skatalà y Karbunko (yo tampoco sé que cojones hacía Skatalà en el cartel, pero bueno) y mientras tocaban los de las trompetitas fuimos a sentarnos a los sofás. Allí había un hombre, de unos 35 tacos totalmente colgado, con una camiseta del Che hecha mierda y al que se le podían observar varios cortes en ambos brazos. Parecía lo que era: un yonki, así que pasamos de él. Lo que pasa es que debía ir de speed hasta el culo, porque no paraba de moverse, brincar y temblar, y por algún motivo parecía que Sònia le había caído en gracia, así que no paraba de intentar llamar su atención.

Fué entonces cuando localizó un trozo de forespán en el suelo y maldita la hora en que fué a cogerlo, porque después de mirarlo durante un rato detenidamente empezó a hacer bolitas rascándolo contra la pared. Cuando terminó, moldeó el resultado con las dos manos de forma qu ele quedó una línea de forespán de unos 30-40 cm de longitud, entonces llamó la atención de Sònia: "Eh, eh, eh! Mira, mira, mira!". Miramos hacia allí (aunque llevábamos rato haciéndolo) y pudimos observar como el colega se metía esa enorme ralla de forespán por la nariz. De cabo a rabo. Es posiblemente una de las cosas más alucinantes que he visto hacer (y mirad que conozco a una pava que se esnifó las bolitas de dentro de una compresa). El tío se quedó temblando en el sofá y nosotros decidimos marchar, que se encontrara otro con el marrón.

No sé que fué de este tío, probablemente muriera esa misma noche, pero siempre seguirá vivo en nuestros corazones...

Esa misma noche, cuando estábamos saliendo de la salita (antes de levantarnos, de hecho), no fijamos en que un extraño líquido corría por el suelo del exterior y que la gente era cada vez más abundante en esa zona, así que decidimos ir a cotillear, a ver que pasaba. Nos abrimos paso y vimos como dos punkis (de los de la vieja escuela) se estaban, lieralmente, matando el uno al otro a base de hostias. Los dos tenían la cabeza abierta e iban tan puestos que ni se enteraban que se estaban desangrando allí en medio. Los seguratas no tenían cojones de entrar, y los puñetazos y las patadas estaban llegando a ser gores (no sé si habéis visto alguna vez a alguien abrir una cabeza a golpes de bota de punta de acero, pero duele sólo de verlo).

No sé como acabó la cosa (con los dos tipos en el hospital seguro), porque lo malo de ir con pintas es que enseguida te echan la culpa de las cosas y decidí darme el peri antes de que llegaran las fuerzas del (des)orden.

Fué en otro concierto (de Soziedad Alkohólica, de hecho) en el año 2006 donde vi la competición más asombrosa que he visto jamás. Es una chorrada pero me encantó, las reglas son simples:
  1. Un punki navajero dispone una ralla de cocaína en el suelo.
  2. Un punki trapero da un paso adelante.
  3. Otro punki trapero más da un paso también.
  4. Los dos punkis traperos tienen un combate a tres asaltos, todo vale, si hay sangre mejor.
  5. El vencedor por KO se estira en el suelo y se mete la ralla.
  6. Se repite una y otra vez hasta que se acaba la farlopa.
Fué muy divertido, de verdad. Y es que muchas veces es más divertido ser público de las mejores anécdotas que vivirlas, porque si yo hubiera sido el protagonista de alguna de las tres anteriores, probablemente hoy no os lo estaría contando.

Nos vemos mañana si puedo, que hoy tengo cena de clase y no garantizo mi existencia mañana ni mi disposición a escribir un post de forma puntual. Vídeo por la mañana si que habrá, que lo voy a programar ahora...

Hala, agur y no sus droguéis, que ya veis que es malo... Ah, si, ha amenizado el post la canción "Lakra social" de Animales muertos...

3 comentarios:

PrrrK_03 dijo...

Macho, con cada artículo me están entrando más ganas de hacer mi versión de memorias punk, porque también tengo un par de experiencias que darían que contar, xD

Ximi dijo...

Joder, pues si quieres mandármelo como colaboración, yo encantado...

Por cierto, tenemos que hablar del crossover... Ya te mandaré un mail un día de éstos...

PrrrK_03 dijo...

...Y ese día ha llegado.