jueves, 4 de febrero de 2010

MEMORIAS PUNK 2: TERRORISTAS ENCAPUCHADOS

Bueno, aquí estoy yo, con un catarro de tres pares de cojones y un post que escribir. Ayer ya pesé de hacerlo y hoy me obligo a mi mismo a publicar algo, y cómo no tenía la cabeza para ideas he decidido contaros una anécdota bastante curiosa.

Introduzco la novedad de poner BSO a los posts de esta sección, hoy, "Mi novia es una terrorista", de Albert Pla:



Hace algunos años (cuatro o cinco) decidieron trasladar el Senglar Rock, que es un festival de música rock que se hacía en los Pirineos, a mi ciudad. Teníamos unas piscinas públicas que habían quedado abandonadas y decidieron usarlas para ese fin. A todos nos pareció bien, así que decidimos ir.

Iba bastante, por aquel entonces con colegas del rollo, antisistemas y todas esas mierdas, y que era la única gente con la que se podía hablar de política sin trabas sociales, así que más o menos se podría decir que fuimos en grupo (aunque cada uno fuera, en un principio, por su cuenta y riesgo). La cuestión es que creíamos que abrían puertas por la mañana, y resulta que los carteles estaban mal y había un huevo de gente esperando en la puerta desde las diez de la mañana que no pdrían entrar hasta las 17:00. Yo era uno de ellos.

Después de fumarnos unos cuantos porretes y dar vueltas por los alrededores del recinto, siendo parados por la policía en más de una ocasión, decidimos ir a hacer una visita a nuestro amigo Karles (ya os he hablado en alguna ocasión de él, es uno de mis mejores amigos, aunque últimamente no nos vemos demasiado), que vivía en una finca a pocos kilómetros de allí, y como al civilización estaba a un huevo y habíamos ido caminando (algunos en bici) pues...

Nos costó como dos horas llegar caminando a su casa (creíamos que estaba mucho más cerca) e íbamos cuatro personas: Sònia, mi novia, con pinchos, el pelo de colores, botas militares y mallas a rayas, Antonio, vestido de nagro casi por completo, con una extraña cresta y más grande que el copón, Edu, estatura media, risueño, pelo largo y rubio (el cabrón tiene un recopilatorio de Fuzztoons mío), vestimenta normal y yo, cresta (de rastas en aquel momento) botas militares, pantalones militares y pinchos, muchos pinchos. La gente se nos miraba raro por la carretera, pero no hubieron muchas complicaciones excepto el cansancio de ir, pero las cosas cambiaron cuando llegamos.

Karles vivía en una finca situada en ul lugar llamado Camí de l'Albi, que es una especie de camino de tierra que se desvía de la carretera que hay entre Lleida y Alpicat (carretera dónde iba a tener lugar el festival), es de buena casa y en su familia tienen suficiente pasta como para tener dos casas enormes, una al lado de la otra. Karles vivía en la última que veías según ibas caminando, y sus abuelos en la primera.

Pues bien, cuando estábamos llenos de júbilo por haber llegado por fin y convencidos de que nuestro amigo nos invitaría a una birra, a marihuana y a unas partidas a la play (incluso a comer, qué coño) empezamos a a oír gritos provenientes de casa de la abuela, no le dimos mayor importancia y seguimos avanzando los pocos metros que nos quedaban. Cuando llegamos el Karles estaba hablando por teléfono y, sin habernos visto, salió preocupado y muy serio, nosotros estábamos acojonados, no fuera que hubiera pasado algo, pero en cuanto Karles nos vió suspiro aliviado. Al parecer había recibido la llamada de su abuela diciéndoles que había visto a unos terroristas encapuchados (no recuerdo si alguien iba o no encapuchado, pero no me consta) paseando por su finca, que fuera con cuidado y vigilara. Nos echamos unas risas y nos estábamos bebiendo unos Redbulls cuando apareció su abuelo, sofocado, con una hazada (creo recordar) en la mano dispuesto a acabar con los terroristas encapuchados que había visto su señora, nos jiñamos al verlo venir corriendo con un arma en la mano, pero por suerte vió enseguida que éramos amigos de su nieto y que no hacía falta preocuparse. Fué a notificárselo a su mujer.

La abuela de Karles apareció al poco rato para comprobar que realmente no eramos de la ETA o el GRAPO o algo así, y fué entonces el colofón, cuando nos dijo que iba a llamar a la policía para decirles que no hacía falta que vinieran.

Ahora imagináos que llega un equipo de la policía, la señora les dice que en la casa de al lado ha visto entrar terroristas, entran a saco y le pegan un tiro en la cara al pobre Antonio. Nos hubiera jodido la fiesta y al día siguiente hubiéramos tenido que ir a un entierro. Nos hubiéramos perdido, seguro, algún concierto de interés, bueno, no creo, porque el festival fué una puta mierda, auqneu esa es la historia que os contaré la semana que viene: De cómo conseguimos que la policía secreta nos escoltara por todo el festival, una conversación agradable con los agentes de protección civil, la hoja de reclamaciones y de cómo Sònia consiguió que un segurata bieloruso del festival le ofreciera dinero a cambio de que ésta le dejara en paz. Ah, si, y el misterioso caso de la empanada gallega.

Todo eso, la semana que viene, ya veremos mañana si posteo, que si estoy pero creo qu evoy a pasar, ahora me voy a la camita, a ver El ala oeste de la Caasa Blanca en mi IPod.

¡Que os jodan!

4 comentarios:

PrrrK_03 dijo...

Si estás malito, quédate en la cama y no postees hombre, que hay más blogs que seguir y más cosas que hacer...

PD: ¿Cuando te vendría bien lo del Crossover? No hay prisa ni ná (tampoco tengo la intención de hacerlo lo antes posible), pero lo pregunto pa ir planteando y pensando cosas...

Sònia dijo...

¡Jajajaja!
¡El misterioso caso de la empanada gallega! ¡Qué bueno!
La verdad es que en algunos momentos temí por mi vida... ¬¬ Pero... ¿qué otra cosa podríamos ser que terroristas? ¿Amigos del nieto punki? No, imposible...

Conner Kent dijo...

podría haber sido peor, podríais haber pillado a un abuelete de la España profunda con una escopeta XDD

Álex Esteve dijo...

Estas yayas que se escandalizan...

Por cierto, molaria que fueses poniendo fotos de como te va creciendo tu recuperada cresta =D