miércoles, 17 de febrero de 2010

SUPER-ODIO! SÁDICO HIJO DE PUTA

Hoy vamos a inaugurar sección, y es que hay veces que la palabra odio se queda corta, así que acuño el término Super-odio y lo voy a reservar para ocasiones especiales como ésta.

Creo que hay cosas que la gente, por lo general, no tiene muy claras y hace falta enfatizar en ciertos detalles. Por ejemplo:

Si yo estoy en clase y mi profesor está explicando el modelo relacional de Chen y yo no entiendo ni papa, luego no puedo ir al profesor en cuestión e increparle porque no he entendido lo que decía. Si alguien me cuenta un chiste y no lo pillo, no puedo cabrearme con aquel que lo ha contado, y que el problema lo tengo yo, y no él.

Llegados a este punto, que sirve como introducción al tema que vamos a tratar hoy, debo decir que el mundo me sorprende cada día un poco más.

Desde hace casi dos semanas, por algún motivo, me da la impresión de que no me explico o no me hago entender con suficiente claridad y estoy cogiendo un complejo de político del Partido Popular que no veas. Cuando un político, ya que saco el tema, dice una barbaridad y la prensa y la oposición se ceba con él (con o sin motivos), éste sale y explica lo que en realidad quería decir y todo aclarado. Éso a mí no me vale. El trabajo de un político es hablar y hacerse entender. Un político, como por ejemplo Esperanza Aguirre (que no hace más que meter la pata por gilipollas) no puede pasarse la vida diciendo a los votantes que no se expresó bien o que no se le entendió bien, porque hacerlo es su puto trabajo, y en cuanto tienes que rectificar unas cuantas veces, pues maja, replatéatelo, que cuando a un médico se le muere un paciente no puede decir "lo siento" y santas pascuas.

Bueno, mi trabajo no es hablar, mi trabajo no es hacreme entender. Cierto que me gusta hablar y padezco cierta diarrea verbal que ya me ha traído más de un problema, pero es de eso mismo de lo que me quejo: Si yo hago una broma y no la pillas, el que tiene un problema no soy yo, eres tú, mi objetivo era decir lo que fuera, y lo he cuplido, tu objetivo era entender lo que te decía. Has fracasado, punto. Es cierto que algunas veces puedo no expresarme con suficiente claridad (no soy miembro de la RAE ni lo pretendo), pero si se trata de un chiste, puede ser malo, puede ser desafortunado, pero no es mi problema si no lo has cogido.

Hay veces que una situación concreta exige un mínimo de decoro para hacer soportables ciertos acontecimientos más o menos tristes. Comprendo que mis comentarios a veces pueden ser hirientes y duros, pero en ningún momento pretendo ofender a nadie. A ver, me gustaría ofender a Bush, a Ramoncín y a un montón de hijos de puta que pululan por el mundo, pero no me gusta la sensación de que he ofendido a nadie, sobretodo si no era mi intención hacerlo. Por eso no tengo problemas en disculparme. Tengo sentimientos y soy capaz de distinguir el bien del mal, pero también exijo a los demás que interpreten bien la información:

Si te digo "¡Cállate, cretino!" (algo que últimamente digo bastante) con una sonrisa en los labios, no te estoy mandando callar, estoy interpretando mi papel de la forma menos convincente que puedo. Yo no soy quién para hacer callar a nadie, y nadie es quié para hacerme callar a mí, y está claro que si realmente me quisiera poner borde con alguien (cosa que, por lo visto, debería hacer más a menudo) éste o ésta lo notaría rápido.

Cuando estoy reunido con, digamos, mi camarilla, asumo que se mantiene una conversación privada, asumo que no hay extraños vigilando lo que se dice, asumo que la puta CIA no tiene micros ocultos en la ropa de mis colegas, y lo que digo allí, evidentemente no lo diría durante el panegírico de un funeral, por poner un ejemplo. Ésto me recuerda una escena de El ala oeste de la Casa Blanca en la que un personaje masculino le dice a uno femenino, amiga suya, que acaba de entrar en escena con un vestido de gala: "Eres como un hueso para un perro", y una secretaria que rondaba por allí lo oye y se pasa todo el capítulo dando el coñazo con que éso había sido denigrar a la mujer.

No me parece muy osado ni transgresor decir que lo mejor es que cada palo aguante su vela, que juicios morales sobre la vida privada de las personas ya hay suficientes como para sacar de contexto comentarios o gestos que ni te van ni te vienen.

Tampoco vale juzgar a través de una pantalla de anonimato ni escudarse en falsos ídolos para saciar la sed de venganza por el agravio cometido. Si te ofendo, lo siento, si crees que me tienes que cruzar la cara, adelante, si crees que debes replicar, te animo a ello, pero el que calla otorga, y la gente otorga demasiado.

Yo creía que no tenía demasiados problemas con caer bien a la gente. Sé que hay gente a la que caigo mal, y me parece estupendo. Si nos acabamos de conocer, hago un comentario que no te mola y decide no volver a dirigirme la palabra te lo agradezco, en serio, porque no quiero tener que ver con alguien que no me entiende o que no está a gusto conmigo, e insto a todo aquel que me vaya de buenas y realidad me odie a dejar de hablarme desde el momento de ya, porque si hay algo que no soporto es la hipocresía social (ni la de ningún tipo, pero la social menos), ya que creo que se basa en el autoengaño y eso lo que genera es locura y depresión.

Antes de ayer me llamaron "sádico hijo de puta". Ayer me enteré de que es un pensamiento que se ha extendido considerablemente, ayer no estaba enfadado, estaba rabioso, rabioso de ver que el pensamiento unilateral se impone al resto (y al mío que es lo que me jode más). Pues bien, sé que no soy un sádico, sé que a veces puedo parecer algo hijo de puta y sé que no se puede caer bien a todo el mundo (gracias a Thor), pero también sé que si un día tengo un problema contigo no voy a tener reparos de llamarte gilipollas a la cara, porque será lo que piense.

Mi error, dicen mis amigos, es que no pienso lo que digo. Quizás no, pero sí que digo lo que pienso, y si todo el mundo lo practicara seguro que caeríamos peor a mucha gente, pero seríamos más sinceros, felices y transparentes.

Pido que se muera el modelo social de la mediocridad, pido que se abolan los tabúes, pido que la gente hable mirando a los ojos del receptor, porque las medias tintas no llevan nada bueno consigo.

Porque la vida es mucho más simple que toda esta mierda. Las palabras son palabras. Los hechos son hechos y como tales, son susceptibles de ser demostrados. La justicia no impera, ésa es la putada.


2 comentarios:

Álex Esteve dijo...

Hay veces que se me ocurren cosas, y me doy cuenta que tengo razón porque cuanto más las repito más verdaderas me parecen.

Este semana le toca a la frase "la gente tiene la piel muy fina".

Y coño, si algo no te gusta te jodes, que a mi no me gusta que ellos sean tan figuetas y no digo nada.

Y además, la gente no sabe lo que es un sádico de verdad...

Goku_Junior dijo...

"la gente tiene la piel muy fina"

Buena definición Alex aunque también valen "eres más flojo que el peo de una avispa" o "estas amariconao, gilipollas".

Quien no te conozca tal vez puede entenderte mal u ofenderse por algo que digas y que no fuera tu intención, pero quien te conozca y se ofenda igualmente... pos es cosa suya.