viernes, 5 de marzo de 2010

MEMORIAS PUNK 2: QUIERO ENTRAR EN EL GURUGÚ



Buenas tardes frikis humedeceneopaganos, hoy toca nueva entrega de Memorias punk 2, la sección que más agrada a la prensa del corazón. Hoy voy a hablar de lo que pasó en verano de 2007 (¿o era 2006?) cuando intentamos entrar en una discoteca de Lleida y eso nos llegó a vivir una aventura y a descubrir el auténtico dentido de la Navidad.

La Gurugú es una sala de fiestas al aire libre de mi ciudad. Fundada por varios jugadores del equipo de baloncesto de Lleida (cuando éste se mantenía en la ACB) y situada en un montículo llamado Gardeny (al lado de un campo de entrenamiento militar abandonado reconvertido en piscinas municipales) y cerca de un castillo templario, ha ido evolucionando y cambiando de nombre hasta llamarse Excess. Siempre ha sido dónde íban las pijas y se distingue de otros siitios d el amisma categoría por servir el peor garrafón a este lado del Missisipi.

Entrar cuesta dinero, pero ese verano, si lo hacías antes de la una era gratis, así que quedamos Vivi, Sònia, Iris, Nerea, Julián y yo y decidimos que esa noche iríamos de fiesta allí. Llegábamos tarde, así que Vivi se empleó a fondo y logró cruzar la ciudad (el equivalente a tres o cuatro kilómetros con semáforos) en dos minutos y medio, justo a tiempo para entrar. Pasé miedo y se me escapó un chorrito de pipí, pero eso no viene al caso. La cuestión es que cuando nos disponíamos a entrar, el gorila de la puerta decidió que eso no pasaría. No tenía problemas con nadie, pero por lo visto yo no le gustaba demasiado y decidió tocarme las pelotas. No me conocía:

Me acerco a la puerta y me dice: "Con ese pelo no entras" (llevaba la cresta cortita, creo recordar, a penas siete u ocho cm...). Yo le solté un diatriba sobre poqué no me podía impedir el paso según el peinado que llevara y le exigí ver las normas de acceso. El gorila se me quedó mirando, y tras un breve repaso visual espetó "Con esas zapatillas no entras". Yo, y esto es algo que cualquiera os puede decir, jamás llevo chanclas, pero en esa ocasión, y como no tenía que bailar encima de polvo ni patearle el culo a nadie (ni corria el riesgo de que me lo patearan a mí), había pasado de ponerme las botas de punta de acero y me puse algo más fresquito, además, en estos locales es raro que dejen entrar a nadie con botas militares... Mientras el armario calvo me decía que con chancletas no se podía entrar, por mi lado desfilaban un montón de chicas, monísimas ellas, pero con chanclas (y algún pijopollas también), así que pasé de discutir con él, porque sabía que en la normativa del local si que ponía lo del clazado y le pregunté porqué dejaban entrar a gente con chanclas y a mí no. "Ellas son mujeres", fué su respuesta, así que tras meditarlo un rato tracé un plan infalible para entrar.

Me dirigí al coche de Sònia y me quité los pantalones y la camiseta, a continuación, me puse una falda y un top qu ellevaba en el maletero, me maquillé un poco y me dirigí de nuevo a la puerta. El gorila no salía de su asombro.

"Ahora yo también soy una mujer, déjame entrar". "Tú no eres una mujer, lárgate". "Oh, que grosero, ¿cómo te atreves a hablarle así a una señorita? Exigo disponer del libro de reclamaciones."

No hubo manera, así que lo que hicimos fué poner punk a toda hostia en el coche y hacer botellón un rato en el parking para dar un poco por el culo, no sin antes jurar que no pensaba volver a ese tugurio de mierda mientras me aseguraba que no se me salía una teta (no llevaba sujetadores para resultar más atractivo y descocado).

Al cabo de un rato, una amiga de Vivi (no recuerdo quién) se le acercó y estuvieron hablando un rato. Cuando terminaron, mi amigo se acercó y, después de insinuárseme de forma explícita, nos sugirió que cogiéramos los coche y fuéramos a Les Avellane, que es un pueblo que está a tres cuartos de hora de Lleida, que esa chica le había dicho que hacían una "Fiesta gótica".

Como no teníamos nada mejor que hacer decidimos ir hacia allí, no nos va el rollo gótico, pero tal y como reza el dicho: "Las góticas con escote me ponen palote", no podíamos desperdiciar esta oportunidad de ver a gente haciéndo la pena, así que decidimos ponernos en marcha.

Fuimos con el coche del Vivi y con el coche de la Iris. Iris hacía poco que se había sacado el carnet y no tenía mucha confianza (y menos por la noche y en carretera) así que íbamos a una media de treinta km/h, con lo cual el viaje se nos hizo así como infinito. Nos perdimos un par de veces, porque no teníamos ni zorra idea de dónde cojones estaba el pueblo ése, hasta que Vivi entró en el cuartel de los Mossos de Balaguer (capital de la Noguera) y preguntó. Al cabo de un rato llegábamos a ese pueblo perdido de la mano de Dios a ver qué se cocía.

Eso no parecía una fiesta gótica, desde luego. Era 15 de agosto y eran fiestas en todas partes, allí no lo hacían diferente, pero para ser un pueblo de mierda tenían un escenario de tres pares de cojones, y allí ví uno de los mejores conciertos a los que he tenido el placer de asistir. Tocaba la "Orquestra Amarcord", un grupo de animación que hace cosas raras. Su cantante sale en tanga y esas mierdas, pero al margen de eso tocan de puta madre. Tendríais que habernos visto, érmaos los reyes de la pista, pogueando, adorando al guitarrista, liándola parda, vamos, hasta nos dedicaron canciones (a mí me cantaron Bailaré sobre tu tumba y a Sònia la de Bailando, de Alaska), además de muy buenos temas rock.

Cuando terminaron su largo concierto nos dimos cuenta de una cosa: El cartel que adornaba el escenario no contenía las palabras "Fiesta gótica", contenía la sentencia "Fiesta ERÓTICA". Habíamos dado en el clavo. Después de que el guitarrista y el cantante de la Amarcord nos dieran al Vivi y a mí unos cuantos vales de consumición y los gastáramos en wisky de garrafa (al final acabamos bebiendo lo mismo que en Gurugú pero mucho más barato) se subió al escenario una maciza que hizo un streptease integral acojonante, seguida luego por un tío que también lo hizo muy bien. Lo que más nos chocó fueron los niños que pululaban por ahí sin que los adultos (embelesados por el espectáculo que tenía lugar en el escenario) hicieran nada al respecto. A mí me parece bien que los niños lo vean todo, al fin y al cabo no es nada malo por mucho que la Biblia diga lo contrario.

Conseguimos beber gratis un rato más y cuando nos dimos cuenta de que éramos las únicas personas despiertas de todo el pueblo a excepción de un par de borrachos y dos putones verbeneros decidimos marchar. La vuelta nos costó lo mismo que la ida.

Ah, me había olvidado comentar que llevábamos unos walkie-kalkies cojonudos en los coches y que nos comunicábamo, explicando historias de miedo y haciendo llorar a alguna que otra persona (no voy a decir quién)...

"Apoteosic night" que diría uno que yo me sé...

La semana que viene es temática, así que agarráos los machos porque el tema tiene tela. Nos vemos el lunes, hijos de puta, no os matéis intentando haceros una autofelación, eso sería patético y triste.

1 comentario:

Nimendil dijo...

Nunca pensé que diría esto, pero me encantaría ver una foto de tí vestido de mujer.