lunes, 12 de abril de 2010

RELATOS DE INTERÉS: EL TENEDOR FRANCÉS



Hablemos hoy, frikis inmundos, del asombroso caso del tenedor fantasma, robado, vilipendiado, humillado y extraviado, un tenedor que cuenta con su propia historia, un tenedor que quedará para siempre en nuestra memoria, un tenedor que jamás pensó que llegaría a convetirse en un héroe.

Nuestra historia comienza en Colliure, una pequeña localidad costera del sur de Francia en la cual está enterrado Antonio Machado. Ése era el motivo que nos había arrastrado a Sònia y a mí a visitar ese pueblecito y ya de paso, pues nos pasábamos la semana santa dando un par de vueltas por el país galo con el coche, que es más barato que ir a Bali y encima da un poco de risa cuando te acuerdas de los nombre de las ciudades... pffff... Carcassone...pfff...

Sònia en la tumba de Machado

Llevávamos nuestro propio sustento, el día de antes habíamos comprado unos sangüiches de cangrejo y pollo, además de una ensalada y unos bocatas de carne empanada, asíq ue teníamos la comida del primer día cubierta. Decidimos que comeríamos mientras dábamos un paseo desde el coche (ubicado aproximadamente en el quinto coño) y el cementerio en el que está enterrado el poeta y así lo hicimos. Pero descubrimos, oh, calamidad, que la ensalada no traía tenedor y nos iba a resultar imposible comérnosla. Empezamos a pensar a ver que carajo podríamos hacer, porque sólo con las cacharras esas de cangrejo y pollo nos habíamos quedado con hambre y los restaurantes de esa tierra no tenían personal capacitado y todos hablaban über raro, empezamos a cabilar, y dando unos paseillos por el puerto llegamos a una terraza en la que servían unas crepes saladas con muy buena pinta y allí se nos ocurrió:

El plan era pedir algo y mangar el tenedor que nos pusieran para poder comernos la ensalada. El error fué sentarnos, ya que teníamos tanta hambre que acabamos pidiendo una crepe cada uno, con muy buenas pinta y eso, además de un par de cocacolas que, aunque nosotros no lo sabíamos debían de estar hechas de caviar iraní o algo aún más caro, las muy hijas de puta.

Mientras comíamos hablábamos de cómo lo íbamos a hacer. delenquir en España me cuesta muy poco, pero en países extranjeros (por muy europeos que sean) es un poco más arriesgaso, ya que no conocemos ni la ley ni las sanciones, así que debíamos ser cautos. El camarero se empeñó en darnos palique pese a que no entendía una puta mierda de lo que decíamos, y nosotros sólo estábamos deseando que s efuera para poder actuar.

Yo me acabé la mía relativamente rápido (deformación profesional, oiga) así que le dije a Sònia que aguantara hasta que nos trajera la cuenta y nos pudiéramos ir con el tenedor, así lo hizo; el último trozo le duró como diez lustros, y cuando el camarero me vió le pedí la cuenta. Mierda. 22€ y pico. Era un huevo y no lo teníamos justo, así que debíamos actuar rápido y trazar un nuevo plan. Yo iría a pagar en mano mientras Sònia iba al baño, que estaba en la calle de al lado (están locos estos franceses) y se llevaba el tenedor con ella (ya lo tenía en el bolsillo). Le dije dónde estaba el baño (yo lo había usado antes) y allí se dirigió mientras yo me levantaba para ir a pagar. El camarero creyó que íbamos a hacer un sinpa, y aque salió corriendo a mi encuentro, y yo, que de francés sólo sé lo que hace la Celia Blanco, pues le expliqué como pude que quería pagar en caja. Estaba en ello, intentando entenderme con el muchacho cuando de repente aparece Sònia: No había encontrado el baño. Horror, ahora estábamos todos en el mismo lugar, tenedor incluido.

Foto de la crepe de Sònia, a la derecha podéis ver el único
testimonio gráfico de la existencia del tenedor.

Una vez hubiemos pagado nos fuimos de allí con nuestro trofeo, un precioso tenedor que no íbamos a usar en ese momento porque ya no teníamos hambre. Un tenedor que nos había costado más de 22€.

Por fin el el hotel, ya por la noche nos disponíamos a cenar la ensalada que traíamos (y a la que ya odábamos) cuando me dí cuenta de dos cosas, la primera: al mediodía nos nos habíamos acordado de los bocadillos de carne empanada, cosa que si hubiéramos hecho nos hubiera ahorrado caminar hambrientos por calles francesas y la degunda: el tenedor no estaba donde debía estar: había desaparecido.

Bajé a buscarlo al coche y tampoco estaba. Yo ya estaba muerto y decidí no buscar más, estaba claro que o bien lo habíamos perdido o el camarero era más listo de lo que pensábamos y nos lo usurpó cuando creíamos que ya era nuestro.

Nos comimos la ensalada con un vaso de plástico partido por la mitad...

Durante los siguientes cuatro días nos preguntamos dónde cojones estaba el puto tenedor, has ta que el último día... ¡APARECIÓ!

Estaba en una bolsa con dos buhos que había comprado para la colección de mi madre y con la que jamás habían tenido contacto. Sorprendidos no pudimos hacer más que ponernos a llorar y convocar un suicidio en masa al que sólo acudió un emo con principios y el pallaso trsite de Micolor.

El misterio sigue abierto, ofrezco una recompensa de... euhr... ¡Ofrezco un No-Premio a aquel que me dé información sobre lo ocurrido con el tenedor!...

Y esa es la historia del tenedor, un relato abrumador e inquietante sobre utensilios de cocina robados.

BONUS TRACK: Visión distorsionada de los
franceses sobre el concepto "Ruc Català"

¡No cambiéis de canash, mañana, mash!

4 comentarios:

Álex Esteve dijo...

LOL, mola lo del ruc català.

Seguro que pillasteis el legendario tenedor teletransportable.

Por cierto, ¿no os podíais comer las ensaldas con las manos en plan guarro?

Sònia dijo...

¡Es que la ensalada era con mayonesa!
Jajajajajajaja! Aún me río ahora... puto tenedor con patas... En Catalunya los tenedores no caminan!! Quién iba a pensar que en Francia les salían patitas... ¬¬

PrrrK_03 dijo...

Interesante la visita a la tumba de ANtonio Machado, aunque aquí somos más de Manuel Machado.

Lograi el Luciérnago dijo...

Están locos estos galos...