lunes, 20 de septiembre de 2010

¿POR QUÉ ÉL Y NO OTROS?

Supongo que la pregunta del millón es: ¿Por qué cojones le dedica Ximi una semana a este tipo del que apenas nos ha hablado? Bueno, pues es una buena pregunta, y la respuesta es que uno jamás y por más que se esfuerce va a hacer todo aquello que quiso.


Mi intención era hacer tarde o temprano una semana de cantautores (algo que pospondré, tengo más ideas y no tengo el coño pa farolillos) y hablar en profundidad de Labordeta (y de Krahe, de Sabina, de Serrat, de Paco Ibáñez...), poner canciones suyas y todas las mierdas que hago para no tener que currar. Por desgracia, la muerte ha sido otra vez más rápida que yo y ha, digamos, forzado la maquinaria para que se hable de él de forma precipitada.

Cuando murió Rubianes le dediqué una semana. Pepe Rubianes fue una figura muy importante para mí: me fascinaba su sentido del humor, su crudeza en el momento de expresarse y su apatía radical (además del odio que les tenía a los fachas, claro), pero os juro que por mucho que lamentara su pérdida (y a excepción de la presente es la única vez que dedico una semana entera a homenajear a un difunto reciente) y me supiera mal su deceso, os juro que no tuvo nada que ver con lo que sentí (a la 1:36 de la madrugada del lunes, media hora después de su muerte) cuando me enteré de lo de Labordeta.

No tuve el placer de conocerlo personalmente, por desgracia, aunque es algo de lo que hablaba y con lo que fantaseaba a menudo, al meno pude verlo cantar (aunque fuera en la mierda de la Expo de Zaragoza) junto a sus discípulos (Eduardo Paz, de la Bullonera y Joaquín Carbonell) y debo decir que fue asombroso:

Cuando vas a un concierto de Sabina, de Serrat, de Paco Ibáñez puedes encontrar jóvenes (sobretodo en los de Sabina), pero es que en el de Labordeta era prácticamente lo único que había. Me pareció pasmoso ver a todo esos dinosaurios cantando las consignas de hace cuarenta años y ver a los jóvenes a mi alrededor cantarlas y emocionarse con ellas. Fue algo maravilloso y creo que eso es lo que representa Labordeta.

Sus versos son importantes y sus anécdotas muy graciosas. Sus palabras son sabias y su mensaje contundente, pero lo que de verdad cautivaba de Labordeta era su persona. Lo vieras dónde lo vieras siempre era la misma persona (joder, tuvo la misma cara durante muchos años), y cuando en aquel concierto de 2008 vi salir a un tipo menudo con un horrible anorak rojo rodeado de personas a las que poco les faltaba jurar lealtad y matar por él (algo que él jamás hubiera permitido) vi salir al mismo tipo que un día fue apaleado por la Guardia Civil, fue perseguido por la tiranía, el mismo del que escuchaba los discos en el coche de mis padres, el mismo personaje que salía con la tele comiendo gratis cada día, la misma persona que nos hizo partirnos de la risa mientras le dábamos la razón cuando enviaba a tomar por el culo a los diputados. No había cambiado. Era increíble, pero cincuenta años después seguía siendo exactamente el mismo símbolo.

Porque ese es su valor, no el de héroe ni el de mártir, no el de artista o activista, su función es la de guiar generaciones (nótese el plural) hacia un camino que, aunque obvio es obviado. Su función es (con su pequeña estatura) hacer de faro para los nuevos llegados al mundo de la razón. El único requisito para quererle es no ser un gilipollas. Os garantizo que conozco muchos fachas que lo adoraban, y no sólo como persona o como aragonés, sinó que valoraban su labor, escuchaban sus palabras y defendían su mensaje.

La muerte de Labordeta ha cambiado el mundo.

Ha cambiado el mundo de una forma o de otra. Ahora ya no tenemos a ese abuelo con bigote que nos entretenía y nos enseñaba sin que nos diéramos cuenta, eso es malo, por supuesto, pero de esta fecha podemos hacer un punto de inflexión. Por desgracia vivimos en un mundo de mitos. Mitificamos a cualquiera que se muera, por gilipollas que fuera, nos da igual. Nos da la impresión de que hay que caer bien a los muertos aunque seamos conscientes de la enorme gilipollez que es eso. Pero podemos usarlo para nuestro bien. Con la muerte de Labordeta muchos jóvenes que no habían oído hablar de él lo harán por primera vez y muchos viejos que lo habían olvidado (cosa dudosa) lo vana recordar. Vamos a oír sus canciones y vamos a ver sus famosas imágenes en el congreso, van a reeditar sus maravillosos libros y se va a vender su recuerdo como si el gran hermano no hubiera propiciado su olvido (aunque no creo que sea carne de politono).

Llevemos su mensaje más allá de dónde llevó, no nos limitemos a los tópico (por ciertos que sean) como el canto a la libertad. Mostremos a la gente sus temas más comprometidos, cantemos como él en las noches más oscuras.

Si pensamos en él cuando estemos jodidos, si de verdad somos capaces de idealizar su figura, de recrear su ideario, de empatizar con su espíritu, de comulgar con su vida, cuando la oscuridad se cierna sobre nosotros, cuando las luces de neon nos nublen la vista, cuando el verde sea nuestro único objetivo y cuando la autoridad nos sea ajena. Seremos capaces de mirar a Dios a los ojos y decirle: "Macho, me lo has puesto chungo, pero te va a tocar joderte... Gilipollas."

1 comentario:

Sònia dijo...

Al menos podemos decir que lo vimos en concierto y pudimos escuchar lo que nos tenía que decir.
Algún día le diremos a nuestros hijos que sus padres estuviéron ahí para verlo y cantar con él.