jueves, 20 de enero de 2011

ODIA EL VICIO, AMA AL VICIOSO

Hola, hola, hola, mis queridos frikis pseudonicotínicos, seguimos con la Semana Sin humo, y aunque hay más toxinas flotando en el aire que en la incineración de Falete, vamos a seguir con el programa...


No sé si lo sabéis... Es posible que si, o que hayáis notado algo raro... Probablemente hayáis sentido un cosquilleo en la nuca; hay alguien que os odia. Si, si, ya sé que sois muy buena gente, que nunca hacéis daño a nadie, que respetáis a todo el mundo... Mentirosillos... Vosotros también odiáis a alguien, forma parte del sistema en el que vivimos, la TV, los medios, tus padres... Todos ellos te van a decir a quién tienes que odiar y tú, como el buen hombre blanco que eres, pues odias lo que sea y punto, que para algo pagas tus impuestos, faltaría más.

Desde que naces, empiezas a cabrear gente. Si eres negro, hay un sector de la población que te odia (y lo mismo si eres de cualquier otra raza); si eres catalán o vasco, ya hay quien te odie, y lo mismo si naces en el resto de la península; si eres el hijo de un rey o un príncipe, lo mismo; por no hablar de la religión: la existencia de las religiones es la garantía total de que alguien te va a odiar a muerte desde que nazcas hasta que mueras, aunque seas ateo... Sobre todo si eres ateo...

En tu casa, lo más probable es que te hayan enseñado a odiar a diestro y siniestro o a escoger objetivos concretos. Te van a enseñar a odiar a los inmigrantes, a los judíos, a los catalanes (o los españoles), a los franceses, a los presentadores de TV, a los homosexuales... Podéis estar orgullosos si en casa no os han ido señalando a quién tenéis que odiar...

Más tarde, en la TV, nos enseñas a quién hay que odiar según la temporada. Eligen cuidadosamente los objetivos para alargarlo tanto como se pueda y esto es como la puta pasarela Cibeles, cada x meses cambia la tendencia. Podríamos hacer un repaso cada tres meses de a quién nos han dicho que odiáramos... Por ejemplo, los últimos meses hemos odiado a los controladores aéreos, a los políticos mallorquines, a los deportistas que se dopan, a la ETA y finalmente, a los fumadores, y aquí es donde quería llegar.

Se odia a los fumadores. Se me odia. En lugar de odiar el humo o el tabaco, se odia al que lo usa; se nos trata como si lleváramos amas de fuego y las estuviéramos disparando todo el santo día. El hábito de fumar es muy jodido entre otras cosas, y a parte de porque es adictivo, por el hecho de que mata lentamente a aquel que lo hace. Supongo que os preguntaréis, los que no son fumadores, por qué carajo se fuma si es tan malo... Pues por mil y un motivos. Yo no conozco los de los demás, a mí, aparte de encantarme fumar (el que me conoce lo sabe), lo que me pasa es que estoy enganchado de la hostia y de momento, no tengo previsto dejarlo (por principios, no podría, ahora no) y nadie, nadie de nadie, tiene derecho a juzgarme por ello.

En mi puta vida he permitido que nadie me diga como tengo que vivir, jamás. Nadie me ha dicho cómo me tengo que vestir, ni peinar, ni andar. Jamás he dejado que nadie me obligue a pensar nada, ni he tolerado que me indiquen como o con quién tengo que relacionarme. Es por ese mismo motivo por el que yo jamás le he dicho a nadie como tiene que pensar, ir, vivir o cualquier otra cosa. Ese es el motivo por el que me cabrea tanto que alguien intente hacerlo.

Hay un mensaje que tendríamos que dar todos los fumadores (y hasta los no fumadores): Sabemos que fumar es perjudicial, todos lo sabemos. No hace falta poner mierdas del estilo "Vas a morir joven, hijo de puta" en los paquetes, ni tampoco fotos que no son para nada representativas de la realidad. Hace unos años, mi tío murió a causa de una enfermedad provocada por el tabaco. Ya sé que es malo, joder.

Lo que hay que respetar es la decisión de fumar. Yo odio la cocaína, pero nunca me veréis decirle a nadie que no la tome. Es su decisión, su vida, su cuerpo, y por tanto, tiene el derecho a hacer lo que quiera con él, del mismo modo que el que hace paracaidismo se expone a estamparse contra el suelo.

Sabéis que soy un gran defensor del odio como herramienta. Promuevo el odio como vía de escape o como núcleo de la fuerza que nos mueve, pero nunca será el odio hacia un colectivo el que yo defienda, y no quiero que me odien por ser un fumador. Odiadme por ser un cabrón, odiadme por lo que digo, odiadme porque no os gusta mi blog, odiadme por mis ideas, mis principios, mi forma de expresarme, pero no me odiéis por ser ateo, no me odiéis por ser catalán, no me odiéis por ser fumador porque esa es una cosa con la que de verdad no puedo.

Ahora pertenezco a una minoría (muy amplia, pero minoría al fin y al cabo) y como a todas minorías, se me persigue. Estoy totalmente de acuerdo en que nadie tiene por que tragarse mi humo, aunque yo sí que me tenga que tragar los argumentos de más de uno que más que risa dan rabia (como Quim Monzó, que dice que los bares saldrán beneficiados porque hay más rotación a causa de tener que salir a fumar). Con lo que no estoy para nada de acuerdo es con el hecho de que se me niegue la posibilidad de ejercer mi derecho a destrozarme la vida en un lugar público. No en todos, en uno. Esto va a dar lugar a fumaderos y va a acabar como la ley seca en EE.UU.: la negación de un derecho y el aumento del problema, y de hecho es exactamente como restringir la bebida, y me parece que por eso no pasaríais de ninguna manera porque bebedores sí que debéis ser la mayoría, egoístas hijos de puta.

Acabo con otra canción que, aunque la primera es un duro ataque contra los adictos a la nicotina, viene mucho al caso. Trata exáctamente de ésto que estado diciendo. Odiar por las ideas que se tienen y no por las acciones: Alguien tiene que pagar, se llama.

2 comentarios:

Peter Parker dijo...

Yo no te odio.
Más bien le tengo escaso aprecio al tabaco cuando anda cerca... ese producto con el que me han quemado y apestado la ropa para que mi habitación huela a tabacalera cuando vuelvo por las noches, y que me produce tos cada vez que entro o salgo de la facultad porque hay una nube de humo en la puerta.



Y yo no bebo, habitualmente, jeje. Y realmente, que el de al lado lo haga nunca me ha molestado, porque ni me han vomitado encima, ni he tenido un accidente de tráfico provocado por el alcohol, ni na de ná. Lo máximo? Vergüenza ajena.

Álex Esteve dijo...

No sé con que intención ha dicho eso Monzó, y no por ser un gran tipo le voy a dar la razón ni se le va a permitir todo, pero leída así, sin contexto, parece más una crítica irónica hacia la ley...
Y odiar es inevitable, yo por ejemplo odio a los que abusan de los demás usando su poder, odio a los que odian otras razas y orientaciones sexuales y odio levantarme por la mañana.