miércoles, 16 de febrero de 2011

HIJO DE PUTA


Eres un hijo de puta. Si, así, tal y cómo te lo digo. No hay más: un auténtico y genuino hijo de la gran puta. Podrías haber elegido ser idiota, anormal, un cabrón, gilipollas, estúpido, cretino o cualquier otra cosa, pero en vez de eso, te has convertido en una masificación de todo, eso te convierte en un hijo de puta.

Pido perdón a las putas por mentarlas tanto, y sé que ellas no han tenido nunca la intención de parir a nadie tan mezquino cómo tú, no es que no la tengan, es que tal intención no puede existir, sería tan estúpido dar la vida a un hijo de puta tan imbécil que la naturaleza no admitiría una fecundación con tal propósito.

Un hijo de puta; eso eres, tan, tan, tan hijo de puta... Tantísimo que no sabes quién es ni tu madre, es decir, eres tan hijo de puta que no existe vocablo escrito o hablado que pueda definir tu condición de hijo de la gran puta con eficacia suficiente como para demostrar cuan hijo de puta eres.

Uno no sabe a qué atenerse, uno calla (aunque sin otorgar), no te he dicho nada desde hace casi cinco meses, ¡cinco! Silencio absoluto para, por una vez, callarme lo que pienso porque sería peor. Sin embargo, eres tan hijo de puta, tan sádico, tan mezquino, te odias tanto a ti mismo que eres capaz de quedar como lo que eres (un hijo de puta, por si no hubiera quedado claro) ante el mundo para joderme. No te he hecho nada y lo sabes, el mundo lo sabe, y por mi bien, de momento, así voy a seguir. Hoy tenía muchas ganas de decirte algo, de romper mi largo silencio, de hacer lo que quiero hacer, decirte lo hijo de puta que eres, lo mucho que te odio... No, no te odio, te detesto, que es peor... Pero no he dicho nada, no te he hablado, por mucho que quisiera recordarte en público lo hijo de puta que eres, por muchas ganas que tenía de hacerte llorar no te he hablado, porque si lo hiciera, mis palabras irían acompañadas de acciones porque en mi pueblo, a los hijos de puta se les cuelga.

No soy el único que piensa así, ni mucho menos. Con el paso del tiempo te has ido labrando una vida social digna de la más solitaria de las piedras, de las amebas, de las mierdas. Eso eres: una mierda, y lo sabes, todo el mundo lo sabe, pero tú estás convencido a tantos niveles que no te das cuenta de cuando haces el ridículo para intentar ser el centro de atención, para intentar recoger unos aplausos que nunca llegarán porque no te los mereces. A los hijos de puta no se les aplaude, a los hijos de puta se les hace el vacío y, en el mejor de los casos, se les castra para que no puedan perpetuar su estupidez.

Me han llamado sádico hijo de puta, no una, sino varias veces y me dio igual porque al fin y al cabo, la opinión de un estúpido (o de una multitud de estúpidos) no deja de ser una opinión estúpida, pero ahora sí que estoy ofendido, estoy cabreado porque a tu lado soy la puta madre Teresa, soy el puto Gandhi, soy el puto Jesucristo. Y mira que soy cabrón.

Cuando digo, mi querido hijo de la gran puta, que todo el mundo te odia no es en vano, no exagero, es verdad, todo el mundo que yo conozco te odia, o al menos, prefiere, mientras pueda, evitar el contacto contigo. Eres repulsivo, asqueroso, repugnante. Eres tan odioso que (y esto te juro que es verdad) supuestos amigos tuyos me han propuesto formar parte de un grupo de acción social y cuando les pregunté cuales eran los estatutos la única respuesta que obtuve fue que el requisito para que funcionara era que tú no estuvieras. A nadie le interesa tu opinión, a nadie le interesa lo que sabes hacer, si eres el puto amo en esto o en aquello. Nos da igual, no nos impresionas porque hagas lo que hagas, digas lo que digas, por más que insultes a nuestra inteligencia sabemos que te odias tanto que lo más probable (y sólo intento dar ideas) es que acabes tus días cortándote las venas como el puto emo que en realidad eres en cuanto te des cuenta de lo solo que estás y el asco que le das al mundo.

No voy a decir tu nombre, no hace falta, sé que sabes perfectamente que me refiero a ti porque en los primeros párrafos he hecho una descripción muy cuidada de tu persona. También sé que quién te conozca mínimamente te reconocerá enseguida porque eres un cretino, un imbécil y un desgraciado que te viene a la cabeza enseguida cuando nombras alguno de los adjetivos que gustosamente te he adjudicado. También sé que te pasas por el blog (aunque no lo reconocerías ni en un millón de años), lo sé porque por lo visto te importa tanto lo que hago que te sientes obligado a hablar de mí cuando no estoy, a traicionar principios mucho más profundos que cualquier enemistad, principios que yo, al igual que cualquier persona que no sea un desgraciado con carencias afectivas y un ego tan desmesurado que pisa totalmente la falta de autoestima y autorrespeto que se tiene respeta.

Por favor, no me hables en mucho tiempo, no me mires, no te me cruces con tu puta bicicleta (que como no aprendas a circular como una persona pronto, un día te encontrarás con una rueda de mi coche o el de cualquier otro en la espalda, gilipollas), no hables de mí (porque me enteraré), porque te juro por todos los dioses en los que no creo que te voy a partir la cara de tal forma que se te van a caer todos esos ridículos pelos que la pueblan, las asquerosas escamas de piel muerta que la cubren y esa puta boca que hará que tarde o temprano alguien te regale una adecuada paliza.

No me alargo más en mi misiva, francamente, espero que te ocurra alguna desgracia para que pueda sentirme a gusto, decirlo, que alguien me llame sádico hijo de puta y todo vuelva a la normalidad.

Que te den, hijo de puta.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Ja m'explicaràs què ha fet ara aquest paio...

De veritat que no sé ni per a què et fas mala sang, no val la pena... Si al menys fos una persona interessant ni que sigui per enfoter-se'n... Però el pobre no arriba ni a això!! Es creu merda i no arriba a pet!! Jajaja!