viernes, 25 de marzo de 2011

CLASES DE PROTOCOLO DE TITO XIMI: SALIR DE FIESTA

El blog de Ximi advierte que este soez y grosero post no existe. Es fruto de tu mente enferma y lo que debes hacer es pegarte un tiro lo antes posible. Tampoco nos hacemos responsables de los disturbios provocados o de las muertes causadas por el contenido de este artículo. Coged una cuchilla por si acaso...

Muy buenas, frikis antipersona, hoy tenemos clase de protocolo, que hacía tiempo. Así que os traigo una de mis célebres guias de comportamiento para el hombre y la mujer cosmopolitas. Hoy hablaremos de salir de fiesta.


Es bien sabido que salir de fiesta es un acto social. Hay quien va a los lugares más "in" de la ciudad, hay quien no es capaz de gastarse menos de diez euros por una puta cerveza y hay quien necesita que le den coba toda la noche mientras bebe champagne françoise y se rodea de famosillos. Ésta clase de protocolo no es para esta gente, así que largo, fans de Sexo en Nueva York. Hoy nos vamos a ir de fiesta al garito más ruin y sucio de la ciudad, a ése dónde aún ponen rock and roll, donde suenan los grandes del punk y dónde el pinchadiscos es el propio camarero. Vamos a ese local dónde la cerveza no es de importación, tienen el mejor kalimotxo del mundo y para pasar por un sitio tienes que esquivar a los borrachos, las potas y los macarras. Vamos dónde voy yo siempre, vaya...

  1. Lo primero es ponerse guapo. Yo siempre recomiendo traje de ninja y katanas, pero para gustos colores. Tenemos que tener en cuenta el sitio dónde vamos, así que para ir a emborracharnos a un antro lo que elegiremos será, cuanto menos, urbano... Buscaremos algo que esté en el espectro cromático entre el gris y el marrón. Ése pantalón viejo de cuando ibas a la fruta a currar en verano servirá, coge una camiseta y córtale las mangas, puede poner un mensaje subversivo con un rotulador negro del tipo "Dime con quién andas y si está buena me la mandas" o "Si me ves en el lavabo puedes comerme el rabo". Unas botas militares no vienen mal, aunque las sandalias con calcetines son una opción.

  2. El alcohol es caro, y en los bares todavía más, así que si queremos pillar un pedo digno de Ernesto de Hannover tendremos que tirar de supermercado o gasolinera. Podemos comprar una garrafa de cinco litros de vino de mierda, vaciar la mitad y echarle dos botellas de coca cola marca Hacendado, un poco de hielo y ya tenemos el dulce maná de los dioses llamado kalimotxo. Sí, lo sé... Igual cinco litros de kalimotxo son pocos, así que podemos pillar un par de litronas de la birra más barata del Mercadona y ya podemos ir de camino al bar. Hay que ir con cuidado con lo de beber en la calle, pues hay policías y os puede caer un puro. Para ello usaremos la vieja táctica que consiste en decir: "Es agua, colega"... Te diga lo que te diga la autoridad, tú debes decir "Es agua colega". Gritando si es necesario, y la mayor parte de las veces lo es.

  3. Una vez llegues al bar, si has acabado con lo que llevabas, entra, a ver que se cuece, probablemente esté lleno de desechos humanos, zorras y un par de modernos despistados que creían que era un lugar "cool". Lo primero que debéis hacer es encenderos un cigarro, a ver qué es lo que pasa. Si no os dicen nada, pues hala, a seguir la fiesta. Si os dicen que lo apaguéis, que está prohibido, no hagáis ni puto caso; si continúan insistiendo, escupidles en la cara y dad por terminada l anoche, pues si tu bar se parece mínimamente al mío, antes de que te des cuenta el camarero te habrá partido la cara y te habrá metido el barril de Estrella Damm por el culo en posición horizontal. Si prefieres no escupir al camarero, puedes salir fuera a fumar. Aprovecha en ese caso para causar unos cuantos disturbios, quemar contenedores, lanzar cócteles molotov, hacer pintadas... Un poco de buen vandalismo nunca viene mal. Eso sí, respetad el descanso de los vecinos.

  4. Llega la hora de entrar en acción. Pídete un litro de kalimotxo, uno de birra o una botella de Jack Daniels y ponte a tono. Acepta todo lo que te ofrezcan: tragos, petas, rayas, rulas, chinos, picos... Da lo mismo todo sirve para levantar el ánimo y hacer que el anoche prospere. Procura usar el baño, tanto para potar como para inyectarte heroína. Mear es algo que está bien visto hacer en la barra mientras pides. Procura molestar lo más posible a la gente que creas que no mola tanto como tú que, en tu estado, es casi todo el mundo. Si te echan, tranquilo, puedes cambiar de bar o volver a la casilla de salida.

  5. Al final, el bar se cierra. La putas leyes hacen que no puedan abrir a su antojo, así que no hay más cojones que marchar. Aún así, no hay problema, porque en la ciudad hay multitud de clubs molones a los que van los pijos. Sólo tienes que seguir a los modernos que estaban en el bar totalmente despistados. Una vez llegues, si consigues entrar (que esa es otra), pídete lo más caro que tengan y cuando te quieran cobrar grita "¡Esto es abusivo!", "¿Pero qué es, orina del Papa?" y empieza una pelea. Los pijos pelean como unas mariconas, pero sus seguratas son grandes (y negro como el tizón) así que cuidado o acabarás empalado en una farola. Ahora sí, con la cara llena de moratones y, si dios quiere, habiendo quemado el local, puedes volver a casa, meterte en la cama, vomitar y revolcarte para despertar como si fueras una croqueta.

Y esto es lo que yo hago cada fin de semana al menos una vez. Ahora conocéis el secreto de mi buena salud y mi expresión de alegría. ¡Adelante, colegas, a petarla esta noche!

1 comentario:

Álex Esteve dijo...

Hay que recordar, que una fiesta no es si no hay un muerto (si no eres tú, mejor).