sábado, 28 de mayo de 2011

Prender la pólvora: crónica de una revolución cada vez menos silenciosa: #acampadalleida

Ayer se prendió la mecha. Todos los habituales de l'acampadalleida con los que he hablado y yo estamos de acuerdo en que, sin duda, la acampada se hubiera terminado el domingo. Estábamos cada vez más cansados, más tensos, más irascibles. El paso de los días nos había quemado, a unos más que a otros, yo incluso había renegado del movimiento, pues creía que ya no me representaba.

Felip Puig (O Fuig, como se le llama ya en Twitter), Jordi Hereu i Ànel Ros han echado gasolina en las brasas de un movimiento pacífico y hemos entrado en pie de guerra. La que se lió ayer en Ricard Vinyes fue de órdago, el desalojo, la posterior "limpieza", las hostias como panes... Luego, los heridos se fueron a hacerse un parte de lesiones, más de un centenar se fueron a la comisaría de policía a protestar por las dos detenciones y algunos nos quedamos en la plaza. Ciudadanos se ofrecieron para ofrecernos un espacio para guardar las cosas que los cerdos nos habían dejado (o más bien las que nosotros habíamos salvado) y vimos al Delegat del Govern mentir impunemente sobre los hechos en nuestra puta cara mientras hablaba con la prensa. Gritos, rabia, furia. No son suficientes para dejar nuestra lucha pacífica. Los hombres y mujeres que ayer recibieron palizas por parte de los ya llamados "Motxos" d'Esquadra ayer estaban en la manifestación histórica que se produjo en Lleida y que fue, sin duda, la que más kilómetros ha hecho en la historia de la ciudad (parafraseando a una de las personas que subieron a hablar luego en la plaza).

Una mujer dijo que tal vez no viéramos a todo el mundo en la plaza, pero que eramos la gente que lucha por ellos y que supiéramos que si nos tocan un pelo, allí estarían, dando la cara por nosotros. Eso le sube a uno la moral y da mucha esperanza.

Parece que no todo está perdido, que la gente se mueve. Hacedme caso, si en Lleida ésto es posible, tenemos mucho ganado. Por desgracia, en Lleida tenemos un penoso historial en lo que a lo reivindicativo se refiere y lo de ayer fue acojonante. No sé cuantos miles de personas éramos ayer a causa de las mentiras de los diferentes medios, pero más de los dos mil oficiales segurísimo, y eso es algo que marca a una ciudad como Lleida. Una manifestación ilegal de tal envergadura... Yo aún estoy alucinando.

Y ahora volvemos a la plaza, a las asambleas, hablaremos, pondremos puntos en común, debatiremos, discutiremos, reiremos y lloraremos, pero nunca, bajo ningún concepto, claudicaremos.

Viva la revolución!

1 comentario:

Sònia dijo...

La carne de gallina al recordar esos momentos! Hoy se ha demostrado que la lucha sigue, que la gente tiene ganas y eso se tiene que aprovechar.

Nos vemos en la plaza.