jueves, 22 de septiembre de 2011

Entre Troy Davis y RTVE

Jodido me hallo en momentos como este, y debo decir que son cada vez más comunes, casi diarios... Dos noticias indignantes, dos noticias que me obligan a opinar al respecto, pero sólo tengo un post para hacerlo, es más, en esta blog hay más secciones, secciones que acaban en desuso por culpa de mi facilidad por cabrearme delante de un periódico. Hoy soy incapaz de decidir qué noticia tratar, soy incapaz de decantarme por una o por otra, las dos son gravísimas.

Por un lado, tenemos al PP y al PSOE, que juntitos han decidido que quieren revisar y dar el visto bueno de los informativos de la televisión pública (de la nacional, con las autonómicas ya se apañan), no fuera que dijeran algo que no les gusta. Evidentemente, tras el revuelo generado en las redes sociales se han retirado y ya han dicho que no están a favor... De una ley... Que ellos han propuesto... Desde luego, nuestros líderes son subnormales profundos de esos que se mean encima y se arrojan mierda los unos a los otros...

Por otro lado, en Georgia, el estado ha asesinado a Troy Davis, un hombre negro que hace veintidós años fue condenado por el asesinato de un policía, un crimen del que no se ha demostrado su culpabilidad. Estado Unidos insiste en asesinar gente que no conviene que esté libre. Da igual que sean niños, dementes o gente inocente, el estado se pone por encima de ese dios del que son tan devotos y decide que tiene el derecho a decir quién vive y quién muere, quién vive libre y quién fallece en la prisión. Qué podemos esperar de un estado que por puro lucro es capaz de aniquilar a cientos de miles de inocentes, que cataloga como el peor atentado terrorista de la historia el asesinato de 3.000 personas en su territorio cincuenta años después de arrojar dos bombas atómicas exterminando la vida en dos islas japonesas, que es capaz de bombardear escuelas, matar niños, civiles por el puto dinero. Es capaz de acusar a un hombre sin tener pruebas suficiente y asesinarlo fríamente después de torturarlo durante más de veinte años.

Estas dos noticias no son tan diferentes la una de la otra: tratan del poder que ejerce el estado sobre todos nosotros, el poder de decidir qué sabemos y qué no, lo que pensamos, lo que debemos opinar, qué tenemos que hacer, de qué tenemos que trabajar, qué tenemos que ver y en última instancia, por lo visto, cuando debemos morir.

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