lunes, 28 de enero de 2013

No me lo cuentes, soplapollas


No hace falta, de verdad, no es necesario. A ver, no me malinterpretes, que por mí te puedes lacerar los cojones y llevarlos al viento, pero no vengas a enseñármelo. Me parece estupendo que hayas decidido llevar un modo de vida alternativo, me parece fantástico que reniegues de tu pasado y ahora seas un alma libre que sólo pertenece al viento. Estoy orgulloso de ti por librarte de tus prejuicios y vivir tu sueño. Corre, muchacho, vuela libre, sé quién quieres ser, pero a mí no me toques los cojones. Me la suda como si llevara un condón de lana que te hayas mudado a esa gran ciudad y hayas redescubierto tu sexualidad metiéndote tres pollas a la vez en la boca. Ven, ven a contarme cómo ha cambiado tu vida para que pueda escupirte en la puta cara, tío brasas.

Es maravilloso, de verdad, glorioso, épico, legendario, que hayas ido a una ecoaldea, te hayas fusionado con el monte y ahora seas un ser iluminado que planea indiferente sobre los problemas de los simples humanos como yo, pero ven a restregarme una vez más tu modo de vida y te restregaré mis cojones por la cara. Me da igual que abraces a Shiva, a Buda, a Mahoma o al puto Charles Manson, de verdad, no me interesa, no sólo no es de mi incumbencia, además, me la trae al pairo, así que monta un grupo de apoyo con otros tarados como tú, que sienten la necesidad de decirles a los demás cómo tienen que vivir sus insignificantes vidas y os dais la brasa mutuamente. Te puedo dar teléfonos, conozco a muchos seres únicos como tú, muchos profetas, muchos iluminados, muchos gilipollas que creen que por hacer el julai en otro sitio han descubierto la senda del conocimiento y la autorrealización personal.

Y te lo repito. Soy tu fan número uno porque estás viviendo tu sueño de ser un completo soplapollas, y la felicidad que me produce tal acontecimiento es tal, que te voy a pedir amablemente que vayas a follarte a tu madre, a matar a tu padre, a meterte cien pollos de perico o lo que sea que hagas con tus nuevos amigos iluminados, tan diferentes al resto de la humanidad que no se os puede reconocer a los unos de los otros.

Por favor, ven, ven a hablarme de esa nueva música que has descubierto, que no conoce nadie y que hace una señora octogenaria con cucharas, una flauta dulce y pisando a un gato, ven. Cuéntamelo, sorpréndete indignado de cómo puedo ser tan ignorante como para no conocer a la puta tarada de los cojones que te ha timado con su aberración auditiva, comparte conmigo tu experiencia sonora para que pueda reírme en tu puta cara y explicarte a pollazos por qué no la conoce casi nadie y por qué nadie debería conocerla, porque me da igual, tronco, en serio, de verdad, me la sopla tanto que la llevo hinchada.

Vivir la vida consiste en eso, en vivirla, no me la cuentes. Es más, no se la cuentes a nadie, porque nos da igual. A ver, repite conmigo: “nos da igual”. Bien. Puede que empieces a entender lo que te intento decir. En serio, no te preocupes por el resto de la humanidad, que vive en la inopia, ignorando el mundo, el universo de posibilidades que se está perdiendo por no hacerte caso a ti que, sin duda, llevas el modo de vida que todos quisiéramos llevar y que no llevamos por miedo.

Porque de eso se trata, ¿no? Somos tan cobardes… Y tú, amablemente, vienes a explicarnos como vivir nuestras vidas, a decirnos cómo debemos ser, qué debemos pensar, con quién debemos hablar, qué nos debe gustar. Porque eres un alma caritativa, altruista y generosa. Se trata de eso, de ayudar a los demás a descubrir su camino, que, casualmente es el mismo que el tuyo. Así iremos todos juntitos de la mano. Qué bien, qué buena persona, que solidario… Supongo que se trata de eso… No puede ser otra cosa, de ningún modo podría tratarse de que necesitas atención porque tu madre te dio el pecho hasta los seis años, porque tu padre ya no te quiere follar, porque en la parroquia, eras el único que no hacía tilín al padre Manuel… No podría ser que estés tan zumbado que necesites sentirte rechazado y amado a la vez, no necesitas que el mundo se centre en tu patética e innecesaria existencia para sentirte en plenitud. No creo que sea una fase de mongolismo tardío lo que estés pasando. No, que va, porque eso sería triste, muy, muy triste.

En todo caso, no me lo cuentes, porque me importa exactamente una mierda. Subnormal.

2 comentarios:

Alvaro dijo...

Mira, Ximi, para esa tensión deberías ir a algún retiro espiritual a remojarte los cojones en infusión de manzanilla.

Pero tienes razón, no hay una única forma de vida válida. Hay varias; mientras no molestes a nadie, tu forma de vida puede ser una de las ideales, pero por supuesto, no por eso vas a salir a sacralizarla y "salvar" a la gente.

Saludos Ximichangas

Descerebrado dijo...

M.E. encanta. Pero creo que te importa una puta mierda.