martes, 31 de marzo de 2015

Estarás contento, ¿no?

Esta es la pregunta que más he oído las últimas 24 horas: "Estarás contento, ¿no? Eso se debe a que ayer por fin pagué el último plazo de mi indemnización por injurias a Cristina Cifuentes gracias a la ayuda de gente desinteresada y de mi familia. "Estarás contento, ¿no?" me preguntan mis familiares, amigos y conocidos, y me lo preguntan porque saben bien lo que he pasado estos meses para poder pagar la dichosa multa y la dichosa indemnización que, ya de buen principio, me parecía injusta, por muy malhablado que sea uno y por muy maleducado que me encuentre según quién. "Estarás contento..." me dicen, pues mira, no, no lo estoy en absoluto, porque esto no trata de mí.

El hecho de que haya pagado una suma irrisoria a esta persona que creyó que su supuesto derecho al honor está por encima del derecho a la libre expresión de cualquiera no cambia nada, en todo caso lo empeora. Tras meses de acudir religiosamente al banco he visto, una vez más, como todo va a peor a ritmo acelerado y preocupante.

Ayer yo terminaba mi calvario y otros tantos lo empezaban, y ya no hablo del calvario que supone mantener una familia entera con el paro, no tener la sanidad o la educación que nos merecemos, ver como desde las instituciones se prioriza el culto religioso de algunos por encima del derecho de otros a simplemente vivir tranquilos, me refiero al calvario de vivir en carne propia el despropósito de un estado que te juzga, detiene, somete y te priva de tu libertad por el mero hecho de pensar distinto.

Ayer detuvieron a 26 personas por ser anarquistas. No por poner bombas, no por matar a nadie, no por planear un ataque a gran escala ni el asesinato de ningún cargo electo. No los detuvieron por atentar contra la policía ni por intentar imponer sus ideas a nadie. No ha sido por robar, ni por estafar, ni por mentir, ni por hacer firmar preferentes a ancianos. Los han detenido por terroristas. En este país "nadie es inocente", tal y como decía La Polla Records, y mucho menos el que piensa distinto. Creer en asamblearismo, colectivización, autogestión y dignidad es un delito de terrorismo, tan grave como matar a un edil o poner una bomba en un autobús. Okupar un centro social te pone al mismo nivel que cualquier miembro del Estado Islámico armado con una AK-47 y así nos lo han hecho saber, y no por primera vez, esta semana.

Nos ha tocado vivir una tierra en la que la pluralidad multinacional se ha mostrado de diferentes formas y con diferentes aspectos, la lucha armada de ETA facilitó, para su desgracia, el ascenso de ciertos modos de operación que sólo son efectivos con una amenaza de trasfondo, y la desaparición de la banda ha dejado huérfano ese electoralismo repugnante que se ha nutrido durante décadas del miedo a un nuevo atentado. No hay terroristas, pues... Entonces nos los tendremos que inventar. Hablamos de un estado que no ha tenido pelos en la lengua para calificar, ya no de terrorista, si no directamente de pertenecer o estar vinculados con ETA a la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, al 15M, a Podemos, a ERC y a cualquiera que le haya plantado cara. Por amor de Freya, si incluso han osado a vincular a Artur Mas con ETA... ¡Artur Mas! Que representa lo más rancio y perverso de la derecha burguesa catalana.

En este estado español no se puede pensar distinto, ha quedado demostrado. Si planteas una opción política que se salga, aunque sea mínimamente, de lo establecido por el poder, vas a ser un terrorista, quieras o no, Los dos grandes partidos corren a pactar cadenas perpetuas, se hacen la foto llenándose la boca con "Je suis" tal o cual, ensalzando la libertad de expresión como un principio fundamental y a la semana siguiente se congratulan de haber detenido a un estalentao que escribió tuits ofensivos contra los catalanes tras el accidente aéreo en los Alpes. Pues muy bien, pues vale, menudo deshecho humano hay que ser para alegrarse de la muerte de nadie inocente, pero ya hay que ser escoria para detener a alguien sólo por mostrar públicamente su opinión, por repugnante que nos parezca. Y mucho peor hay que ser para defenderlo desde abajo. Las opiniones opuestas se rebaten, no se criminalizan.

Detenemos a anarquistas y absolvemos a corruptos. Condenamos a tuiteros y encarcelamos a sindicalistas mientras banqueros roban impunemente y empresarios extienden y mantienen la esclavitud. Decidimos nuestro voto en las tertulias donde los dueños de la opinión de masas nos dicen lo que debemos pensar mientras vivimos una realidad mucho más aterradora a pie de calle. Y seguimos aquí, conformes con nuestra vida sedentaria sin buscar más alternativa que meter un papel en una urna cada cuatro años para que los que llevan mandando miles de años, no en España, sino en todo el maldito planeta puedan alargar una vez más su contrato con el despotismo, la opresión y el caciquismo salvaje al que con el paso de los siglos nos hemos acostumbrado.

Recordad que la revolución no será televisada. Recordad que la verdad no está en las palabras de nadie sino en el deseo popular del cambio real. Recordad que nos quieren  contentos y agradecidos, recordad que nos quieren estúpidos.

Yo no estoy contento.

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